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miércoles, 6 de enero de 2016

RopoPoOOOOnnPOOOOnnnn... !

Artículo rescatado de la Revista Astronomía Digital y escrito por Jesús Rodríguez Flores de la sociedad astronómica de La Laguna.

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Los temas más fascinantes de nuestra cultura sin lugar a dudas son aquellos que involucran misterio, el mito, y la tradición. El presente tema puede resultar ciertamente polémico. Siempre que se mezcla la ciencia y la religión, la historia y la leyenda, tenemos un caldo de cultivo para las más diversas interpretaciones. El presente trabajo es una visión muy personal, de un suceso mítico o histórico, que ha atraído la atención de nuestra civilización occidental desde hace siglos: ¿qué era la estrella de Belén? ¿Eran los Reyes Magos consumados astrónomos?
 

El Sincretismo religioso del nacimiento de Cristo.

Sin duda alguna un acontecimiento importante en la historia de los Reyes Magos fue la aparición de la Estrella de Belén que los guiaría hasta el sitio donde nacería Jesucristo el Mesías. Por lo mismo su fecha de nacimiento es de vital importancia. Sin embargo no se conoce a ciencia cierta la fecha de su nacimiento. Tal vez para algunos que no estén adentrados en la Natividad de Cristo consideren esto inútil: "¿Para qué? Sabemos que nació la noche de entre el 24 y 25 de diciembre del primer año de nuestra era". Pues en realidad están equivocados y aquí pondremos en claro todos los detalles para posteriormente pasar a la posible fecha del nacimiento de Cristo.

El problema de la fecha ocasionó que en la antigüedad se llegaran a plantear 136 fechas diferentes, lo cual no ayudaba mucho para ponerse de acuerdo en las celebraciones religiosas.

Ciertamente los primeros cristianos no consideraban muy importante celebrar en determinada fecha la natividad pero predominantemente lo hacían el 6 de enero como lo continúan celebrando los ortodoxos griegos, etíopes y sirios, y que en menor medida conservan los católicos en su calendario litúrgico como la Epifanía o Manifestación del Mesías. Sin dar mayores detalles, San Clemente de Alejandría escribió que ciertos teólogos egipcios habían determinado que Jesús nació un 20 de abril o el 6 de enero. Lamentablemente no existe ningún registro de sus deducciones.

En realidad el 25 de diciembre fue oficialmente considerado como la fecha de Navidad por el Papa Julio I hacia el siglo IV por varias razones, entre las que destacaba el restar importancia a algunos ritos paganos que se celebraban en la misma fecha. Por ejemplo las festividades saturnales destinadas a Saturno-Cronos, un antiguo dios romano de la agricultura y la fertilidad; así como las fiestas en honor a Baco. También en la misma fecha los soldados romanos festejaban a Mitra, un dios védico cuyo culto se originó en la India y se extendió por Persia y alcanzó Roma. Mitra al igual que otros patronos de la agricultura experimentaba periódicamente una pasión, una muerte y una resurrección, al igual que las diversas deidades relacionadas con el Astro Rey.


Pero más que nada, la determinación del 25 de diciembre como la navidad tuvo razones simbólicas y sincréticas, debido a que ese día se celebraba el "Dies Natalis Invicti Solis" (día del nacimiento del Sol invicto), fecha de alegría establecida por el emperador Aureliano hacia el año 274. Hacia el 21 de diciembre tiene lugar el Solsticio de invierno, la palabra solsticio proviene del latín "stare", que significa detenerse. Ese día el Sol alcanza su punto más declinante hacia el sur y las noches son más largas (simbólicamente, las tinieblas vencen a la luz divina). Pero después de un corto periodo, el Sol remonta rumbo a la primavera con lo cual cada día las noches serán más cortas y la luz predomina. Esto simbolizaba para los antiguos un ciclo de pasión, muerte y resurrección en la cual la luz divina o la deidad solar vencía a las tinieblas del mal. Y no me negaran el divino simbolismo solar que se le ha atribuido a Cristo...

Fue así como se escogió el 25 de diciembre como la Navidad, pues era el nacimiento de un nuevo sol que con su luz se abriría paso entre las tinieblas.

Pero el problema del nacimiento de Cristo, no se remonta exclusivamente a un día del año. ¡Incluso el año se calculó mal! Hacia el año 526 de nuestra era, el uso de dos calendarios distintos en oriente y occidente produjeron una desigualdad de cómputo tan grande que fue necesario unificarlos. Para corregir las diferencias entre el calendario judío y el romano, el papa Juan I recurrió al monje Dionisio el Exiguo para que realizara los estudios de cronología necesarios para uniformizar el cómputo y evitar que la pascua se celebrara en dos fechas distintas, el mismo año. Dionisio, era un monje nacido hacia el año 460 en Escitia, antiguo país correspondiente actualmente a Dobrudja, región situada en la costa del mar Negro, entre Bulgaria y Rumanía. Desde el 497 vivía en Roma al servicio del papado. Era famoso por su erudición, y anteriormente se había encargado de investigar la fecha de los concilios de Oriente, además de traducir del griego diversas obras teológicas. Para la nueva misión, consultó todas las obras escritas por los antiguos cronógrafos que se conservaban en las bibliotecas de Roma. En aquel entonces el cómputo de los años se regía por el llamado calendario diocleciano, impuesto por el emperador Diocleciano y que arrancaba, no desde la fundación de Roma, sino desde el inicio de su mandato (284-313). Dionisio el Exiguo consideraba poco conveniente que el mundo cristiano contara los años a partir de la era de un conocido "perseguidor impío de la iglesia" y prefirió en contra partida iniciar un cómputo a partir del nacimiento de Cristo.

viernes, 20 de noviembre de 2015

La caida de Europa... (The Fall of Europe...)

Niall Ferguson firma un artículo interesante en el tabloide británico The Sunday Times defendiendo la tesis de la "caída de las civilizaciones", dicha tesis, corolario del  "Choque de Civilizaciones"  de Hungtinton, no deja de ser más de lo mismo, presentando la visión light o intelecutal, "culta", ante la preocupación de los recientes sucesos de Paris. Si hay que reconocerle sin embargo su aporte críticando el monoteismo, fuente de muchos problemas y dificultades, la emancipación de aquellas sociedades que han caminado hacia los derechos inalienables del hombre, mientras que las sociedades que profesan el misticismo religioso no pueden evitar autoidentificarse y reafirmarse bajo los preceptos de la fé, y con Dios como garante y únicos y elegidos y justificados...

La traducción es de Maria Luisa Rodríguez Tapia replicando el artículo para el diario El País.


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I am not going to repeat what you have already read or heard. I am not going to say that what happened in Paris on Friday night was unprecedented horror, for it was not. I am not going to say that the world stands with France, for it is a hollow phrase. Nor am I going to applaud François Hollande’s pledge of “pitiless” vengeance, for I do not believe it. I am, instead, going to tell you that this is exactly how civilisations fall.
Here is how Edward Gibbon described the Goths’ sack of Rome in August 410AD: “. . . In the hour of savage licence, when every passion was inflamed, and every restraint was removed . . . a cruel slaughter was made of the Romans; and . . . the streets of the city were filled with dead bodies . . . Whenever the Barbarians were provoked by opposition, they extended the promiscuous massacre to the feeble, the innocent, and the helpless. . .”

No voy a repetir lo que ya han leído u oído. No voy a decir que lo que sucedió en París el viernes por la noche fue de un horror sin precedentes, porque no es verdad. No voy a decir que el mundo está junto a Francia, porque son palabras vacías. Ni voy a aplaudir la promesa de François Hollande de que va a ejercer una venganza “sin piedad”, porque no me lo creo. Lo que sí voy a decir es que así es exactamente como caen las civilizaciones. Así describió Edward Gibbon el saqueo de Roma a manos de los godos en agosto del año 410 después de Cristo: “En la hora de salvaje licencia, cuando toda pasión se inflamaba y toda restricción se levantaba (...) se hizo una cruel matanza de los romanos; y (...) las calles de la ciudad se llenaron de cadáveres (...). Cuando los bárbaros se sintieron provocados por la oposición, extendieron la masacre indiscriminada a los débiles, los inocentes y los desamparados”.


Now, does that not describe the scenes we witnessed in Paris on Friday night? True, Gibbon’s History of the Decline and Fall of the Roman Empire, published in six volumes between 1776 and 1788, represented Rome’s demise as a slow burn. Gibbon covered more than 1,400 years of history. The causes he identified ranged from the personality disorders of individual emperors to the power of the Praetorian Guard and the rise of Sassanid Persia. Decline shaded into fall, with monotheism acting as a kind of imperial dry rot.
For many years, more modern historians of “late antiquity” tended to agree with Gibbon about the gradual nature of the process. Indeed, some went further, arguing that “decline” was an anachronistic term, like the word “barbarian”. Far from declining and falling, they insisted, the Roman empire had imperceptibly merged with the Germanic tribes, producing a multicultural post-imperial idyll that deserved a more flattering label than “Dark Ages”. Recently, however, a new generation of historians has raised the possibility that the process of Roman decline was in fact sudden — and bloody — rather than smooth.

¿No describen estas palabras las escenas que vimos en París el viernes por la noche? Si bien la Historia de la decadencia y la caída del Imperio Romano, publicada por Gibbon en seis volúmenes entre 1776 y 1788, presentaba el declive de Roma como un lento proceso. Entre las causas que alegaba había desde trastornos de personalidad de determinados emperadores hasta el poder de la guardia pretoriana y el ascenso de la Persia sasánida. La decadencia se convirtió en caída y el monoteísmo fue como un hongo que contribuyó a pudrir el imperio.Durante muchos años, los historiadores del fin de la Era Antigua solían estar de acuerdo con Gibbon sobre el carácter gradual del proceso. Algunos incluso dijeron que decadencia era un término anacrónico, igual que bárbaro. El Imperio Romano, decían, no había sufrido la decadencia y la desaparición, sino que se había fundido de forma imperceptible con las tribus germánicas, en un idilio posimperial que no merecía el triste nombre de oscurantismo. En los últimos tiempos, sin embargo, nuevos historiadores han planteado la posibilidad de que el declive de Roma no fuera progresivo, sino repentino y sangriento.

For Bryan Ward-Perkins, what happened was “violent seizure . . . by barbarian invaders”. The end of the Roman west, he writes in The Fall of Rome (2005), “witnessed horrors and dislocation of a kind I sincerely hope never to have to live through; and it destroyed a complex civilisation, throwing the inhabitants of the West back to a standard of living typical of prehistoric times”. In five decades the population of Rome itself fell by three-quarters. Archaeological evidence from the late fifth century — inferior housing, more primitive pottery, fewer coins, smaller cattle — shows that the benign influence of Rome diminished rapidly in the rest of western Europe. “The end of civilisation”, in Ward-Perkins’s phrase, came within a single generation.

Para Bryan Ward-Perkins, se produjo “una toma violenta a manos de los invasores bárbaros”. El fin del Imperio de Occidente, escribe en La caída de Roma (2005), “experimentó horrores y disturbios como espero no tener que experimentar jamás; destruyó una civilización compleja y arrastró a los habitantes de Occidente a un nivel de vida propio de la era prehistórica”. En cinco decenios, la población de Roma disminuyó en tres cuartas partes. Los restos arqueológicos de finales del siglo V —peores viviendas, cerámica más primitiva, menos monedas, animales más pequeños— indican que la influencia benigna de Roma en el resto de Europa también desapareció. “El fin de la civilización”, en palabras de Ward-Perkins, se produjo en el plazo de una sola generación.


viernes, 22 de enero de 2010

Una de romanos; S · P · Q · R


Hace tan solo unas semanas he podido disfrutar una vez más de algunos rincones familiares al pasear de nuevo por Venecia, Florencia y Roma. Incorporarme al Viaje de estudios a Italia, en el tour clásico, versión comprimida, me ha permitido disfrutar de la compañía de alumnos que tuve sentados en el aula hace tres años en mi primer año en el Insti de La Flota.

Como suele ocurrir con frecuencia se olvidan los datos concretos y perviven aquellas explicaciones generales.

¿Profe, este quién es? —Pregunta un alumno delante de una estatua de Daniele Manin, patriota y hombre de estado partícipe del Risorgimento Italiano.
 —Este señor de aquí es el primer futbolista veneciano que jugó con la Juventus !! —digo con cara seria, repitiendo la frase que impertérrito oí a mi amigo Víctor cuatro años atrás, en el mismo sitio, con otro grupo de clavales de Mula. Tanto unos como otros, se hicieron una foto con  un tipo de bronce que tiene ciento cincuenta y pico años, capa y pose del si XIX como si tal cosa… [hay que documentar todo lo que sucede, para estirarlo, revivirlo, masticarlo una vez más, conservar instantes, ahora en jpg, mañana en facebook, twenty, forty o lo que sea...], tras la foto les pregunto si se acuerdan de la Unificación Italiana, de Cavour y del Resurgimento, el grupo se organiza de repente para contar palomas…

Otra cosa bien distinta que comprendieron bien es entender porque Venecia presenta el aspecto que presenta, entender su magnificencia fruto de su localización casi inexpugnable, de su carácter marinero luego comerciante por necesidad [es una isla], beneficiándose de su peso comercial entre Oriente y Europa al final de la Edad Media, enriqueciéndose y mostrándose preciosa. Tan preciosa que prácticamente así se quedó tras la caída de Constantinopla en 1453 contra los turcos, quieta en el tiempo, iniciando su lento declive, ayudado por el olvido de la ruta terrestre hacia el Oriente que caminó Marco Polo, la ruta de la seda, incapaz de encontrar su sitio ante el nuevo comercio marítimo de dominación portuguesa e hispana, hasta hoy.

Si entendieron que la pervivencia del Imperio Romano de Oriente es visible en la Basílica de San Marcos, con sus fantásticos adornos de mosaicos que realizaron con esmero artesanos venidos de Constantinopla, hermoso templo, de estilo único, visible solamente en Italia en lugares como Venecia, Rávena o Palermo [El templo más hermoso de toda la cristiandad que conozco es precisamente el que se encuentra en una colinita cercana a Palermo, la catedral de Monreale].

Si entendieron porque la proa de las góndolas está torcida. Y otras cosas…

En Roma la memoria histórica está aún más lejos, vieron medio curso Historia Antigua en primero de la ESO, con suerte quizás tres semanas sobre el Imperio Romano y esto queda muy lejos. Demasiado, para una persona de 17 años. Ella misma a los 12 años no solo fue otro ser completamente desconocido, un bicho bajito, mocoso, infantil, imbécil, primitivo y sin formar sino que su cerebro a filtrado y olvidado 76.588.885.756.464.920.975.348 gigakilomegabites de información más o menos desde entonces. En la plaza del capitolio un alumno se me acerca y me pregunta:

—¿Profe, que quiere decir SPQR? —noto el filón de la pregunta y me dispongo a lanzar el anzuelo.
—¿Quieres la respuesta corta o larga? —contesto, como si tal cosa.
—La corta —responde [cualquier cosa antes que un rollaco de Historia de la mano de este tío que casca por los codos, pensó a la velocidad de la luz su cerebro, en esa hermosa mañana viajera donde luce el sol y todo es bello solo siente una ligera curiosidad, lógico y normal...].
—Semper Pasta Quaeso Rallato. —digo. —La pasta siempre con queso rallado. —aclaro. Pausa…, cara…, cara rara…, 0,21 segundos de duda y claro…
—No. —responde.
—Bueno… para saber que es SPQR no hay respuesta corta, hay respuesta larga...

SPQR son las siglas latinas de Senatus Populus-que Romanus, que en castellano quiere decir "El Senado y el Pueblo de Roma". En nuestro cerebro resuena porque aparece en todas las pelis de romanos, que nos tragábamos como pipas en el sopor de la tarde de los sábados, cuando la tele tenía solo dos canales; la uno y la dos. Las mismas siglas aparecen unos años después cuando empezamos a leer con fruición los tebeos de Astérix, los vemos en las viñetas con aquellos soldados portando estandartes con el águila y esas misterioras siglas [yo siempre he sido asteritófilo, nunca tintinófilo, lo mío son los mamporros, comer jabalí  asado hasta hartarme, roncar. Cosas básicas y primitivas.] y por supuesto aparecen también cuando uno visita Roma, encontrándolas por todas partes, mil veces, en alcantarillas, obras públicas, museos, SPQR, SPQR, SPQR. Todo el múndo tiene claro que hay un vínculo entre SPQR y la Roma antigua.

La historia de Roma es compleja y maravillosa. Tras 246 años, los tiempos de leyendas fundacionales han pquedado atras y aquellas primeras tribus de romanos; etruscos del norte, latinos del sur y sabinos del este, ya desde el 508 antes de Cristo cuentan con un moderno sistema político, la República.

El pueblo, antes de la existencia de la República lo forman solamente dos órdenes; por un lado los padres fundadores; patres [patricio, terrateniente] y por otro los ricos comerciantes; équites que es lo mismo que decir caballeros, o sea los ricos, los que tienen caballo [comerciantes etruscos]. El Senado será el lugar de representación de ambos. Una élite distinguida por el domicilio y el patrimonio, o dicho de otra manera por la tierra y por la pasta.

El resto no son pueblo aun. Cuatro siglos de victorias constantes han transformado la sociedad llenando Roma de una multitud forastera que formaba el plenum, de la que procede la palabra plebe, procedentes de todas partes se ocupan en esto y aquello. Se trata de artesanos, pequeños comerciantes, empleaduchos y libertos. No tienen tierras, no mandan, no están contentos con su condición, viven. Para la época Roma tendría ya unos cien mil habitantes y la comarca geográfica de influencia de entre cinco a ocho veces esta cantidad.

Patricios y plebeyos protagonizarán luchas sociales durante todo el primer siglo de la República, 494 años antes de Jesucristo. En este periodo de la historia Roma no está en su mejor momento. Atacada por todas partes, pasaba por tiempos difíciles. Había perdido lo conquistado en tiempos de la monarquía y la plebe arruinada también y desesperada, cargada de deudas comenzó a agitarse, pidiendo por calles y callejas la anulación de las deudas, nuevas tierras y el derecho de elegir a quién les defendiese en el senado. El Senado prestó oídos sordos. Y entonces, la plebe, o por lo menos amplias masas de la plebe, se cruzaron de brazos, se retiraron al Monte Sacro a cinco kilómetros de Roma y dijeron que desde aquél momento no darían un bracero a la tierra, ni un obrero a las industrias, ni un soldado al ejército.

La última de estas amenazas no era cosa leve, precisamente en aquellos momentos tras los Apeninos los bárbaros acechan. El Senado con el agua al cuello finalmente capituló. Canceló las deudas, restituyó la libertad a quienes habían caído en la esclavitud por ellas, y puso a la plebe bajo la protección de dos tribunos y de tres ediles elegibles por esta anualmente.

Este acontecimiento es la primera conquista del proletariado romano, la que le dio el instrumento legal para alcanzar también las demás por el camino de la justicia social. El año 494 es muy importante en la historia de la Urbe y de la Democracia. No era aún el triunfo de la democracia, que sólo habría de venir un siglo después, con las leyes de Licinio Sextio, pero era ya un gran paso adelante. La P de aquellas siglas SPQR comenzaba a ser el Populus, tal y como nosotros lo entendemos hoy día.